Deuda Externa

ASPECTOS ECONÓMICO-FINANCIEROS DE LA EXHORTACIÓN EVANGELII GAUDIUM.

2/12/2013

Hace pocos días la Iglesia dio a conocer la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), del Papa Francisco, que lleva fecha 24.11.2013.

 

El Capítulo 2 de dicho documento se refiere a la crisis del compromiso comunitario y, dentro del mismo, la primera parte está dedicada al análisis de algunos desafíos del mundo actual.

 

El presente trabajo tiene por objeto resumir las principales enseñanzas económico-financieras contenidas en dichas secciones, que abarcan los puntos 50 a 60 del texto papal.

 

 

CONTEXTO DE LA EXHORTACIÓN.

 

La Evangelii Gaudium es un documento del Papa Bergoglio para comunicar sus conclusiones acerca del Sínodo de Obispos realizado entre el 7 y el 28 de Octubre de 2012 en Roma.

 

El texto está dirigido a los obispos y a la feligresía católica en general y debe entenderse dentro del contexto de la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, propugnada hoy desde el pontificado.

 

Se trata de un escrito de carácter pastoral que forma parte de la convocatoria a esta nueva evangelización como prioridad de la Iglesia actual y como deber permanente de los cristianos.

 

 

CRISIS DEL COMPROMISO COMUNITARIO.

 

El Papa no se propone ofrecer un análisis detallado y completo de la realidad contemporánea – aclara, por otra parte, que no es su función – sino que busca  ofrecer un planteo evangélico para el nuevo enfoque misionero de la Iglesia.

 

Desde este punto de vista pastoral se señala que el mundo actual vive algunos fuertes desafíos como producto de un cambio histórico que puede ser apreciado en distintos campos y valorado de diferente forma.

 

Por un lado, están los aspectos positivos derivados de los progresos que contribuyen al bienestar de la gente, como el caso de la Salud, la Educación y las Comunicaciones.

 

Pero, por otro lado, la mayoría de la población del planeta vive en forma precaria, con patologías sociales en aumento y con miedo o desesperación producto de las condiciones de vida y de la incertidumbre, ya sea en países pobres como en países desarrollados.

 

Los importantes cambios científico-tecnológicos de nuestra época han generado grandes saltos cualitativos y cuantitativos que se dan a través de un proceso acelerado que se traduce a la vida cotidiana; pero, a la vez, este mismo proceso de cambio está mostrando una inequidad social cada vez más patente y un crecimiento de la violencia social.

 

La actual era del conocimiento y la información constituyen nuevas formas de poder, un poder muchas veces anónimo.

 

La exhortación del Papa Francisco se resume en cuatro proposiciones confrontativas expresas: no a una economía de la exclusión, no a la nueva idolatría del dinero, no a un dinero que gobierna en lugar de servir y no a la inequidad que genera la violencia.

 

 

NO A UNA ECONOMIA DE LA EXCLUSIÓN.

 

La Economía actual produce inequidades manifiestas que llevan a la exclusión, a la degradación de la vida y a la muerte de grandes segmentos de la población mundial.

 

La existencia del hambre y la miseria que imperan en vastas áreas y comunidades del planeta son formas de inequidad que derivan del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, por la que los sectores económicamente poderosos empujan a una situación en que grandes masas son excluidas y marginadas sin trabajo, sin horizontes y sin salida.

 

Bajo este esquema el hombre pasa a ser un “bien de consumo” dentro de una Economía del “descarte”, en la cual puede ser usado y luego tirado.

 

Ya no se trata solamente de un fenómeno de explotación y opresión sino de algo nuevo: la exclusión que deja grandes segmentos de la población afuera de la Sociedad.

 

El Papa critica las “teorías del derrame”, según las cuales el crecimiento económico a través del Libre Mercado lleva a una mayor equidad e inclusión en el mundo e imputa que tales teorías no han sido confirmadas por los hechos, que expresan “una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico” y en los mecanismos del actual sistema económico imperante.

 

 

NO A LA NUEVA IDOLATRÍA DEL DINERO.

 

El Papa observa que una de las causales de esta “economía de la exclusión” reside en la forma de relacionamiento del hombre con el dinero y en el predominio de éste sobre nuestra sociedad.

 

La crisis financiera actual se origina en una profunda crisis antropológica: la idolatría del dinero y la correlativa disminución de la primacía del ser humano.

 

El “fetichismo del dinero” y la existencia de la “dictadura” de una economía que no está puesta al servicio del hombre.

 

La actual crisis financiera y económica mundial muestra así desequilibrios cada vez más acentuados y lleva al hombre al consumismo.

 

La brecha económica entre pobres y ricos crece exponencialmente y este desequilibrio, según el Papa, proviene de la aplicación de políticas ideológicas que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, contrapuestas al derecho de control de los Estados, que tienen el deber de velar por el Bien Común.

 

De esta manera se instaura una “tiranía invisible” que impone sus leyes y sus reglas de juego.

 

La Deuda y sus pagos de intereses agravan esta situación económico-financiera para las posibilidades de desarrollo y bajan el poder adquisitivo de los ciudadanos.

 

Con el agravante que la corrupción generalizada y la evasión fiscal se proyectan hoy a nivel mundial.

 

Dentro de este esquema el poder de la Economía y particularmente de las Finanzas tiende a crecer sin límites, en el marco de reglas absolutas que asumen el Mercado como deidad.

 

 

NO A UN DINERO QUE GOBIERNA EN LUGAR DE SERVIR.

 

La divinización del Mercado lleva a un rechazo de la Ética y al rechazo de Dios, porque estos dos conceptos constituyen una restricción a la libertad de los negocios.

 

El Papa propugna una reforma financiera precisamente sobre estas dos bases alternativas frente a la idea de autonomía del libre mercado y exhorta a los dirigentes políticos a un cambio de actitud frente a este problema, un problema que de otra manera no se revierte.

 

Se plantea así la necesidad que los ricos ayuden y no excluyan a los pobres para integrarlos en una economía al servicio del hombre.

 

 

NO A LA INEQUIDAD QUE GENERA LA VIOLENCIA.

 

El Papa Francisco considera que la exclusión y la inequidad dentro de la Sociedad impiden erradicar la violencia porque la pobreza es hoy caldo de cultivo de las diversas formas de agresión y también de las guerras.

 

En la medida que la Sociedad produzca exclusión no habría solución policial ni de inteligencia que contenga la violencia porque la inequidad lleva a la reacción violenta de los excluidos del sistema y porque un sistema socio-económico injusto tiende a socavar las bases de cualquier sistema político y social.

 

Estamos lejos del “fin de la Historia” porque las condiciones de desarrollo pacífico y sostenible todavía no están dadas.

 

El Papa observa finalmente que los distintos mecanismos de la economía actual promueven el Consumismo pero que ese consumismo unido a la inequidad es dañino del Orden Social.

 

Así la inequidad genera el problema insoluble de la violencia.

 

Algunos culpan a los pobres de sus propios males y proponen una “educación” que los tranquilice y neutralice; y esto deviene más irritante si los excluidos ven avanzar cada vez más el “cáncer social” de la corrupción en sus gobiernos, empresarios e instituciones.

 

 

Hasta aquí las principales enseñanzas del capítulo 2 de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco.-

 

 

Lic. Héctor L. GIULIANO

Buenos Aires, 29.11.2013

 

 

Archivo: GIULIANO ARTICULO 2013 11 29 EVANGELII GAUDIUM

 

 

 

 

 

Publicado el 2 de diciembre, 2013 En la categoría Deuda Externa

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