Argentina

Una mecha muy corta

27/1/2014

Por Dr. Enrique Guillermo Avogadro

“Nada hay dentro de la nación superior a la nación misma”
Nicolás Avellaneda

Como émulo de los que cayeron en Villa Gesell y Mar del Plata (pido disculpas a sus víctimas por la comparación), el mercado ha fulminado con un rayo a la Argentina. Resulta claro que todas las variables económicas se han salido de madre, por obra y gracia de una Presidente ausente y de un grupo de cretinos incapaces y groucho-marxistas (tan torpes que ni siquiera pudieron ejecutar las nefastas políticas del Foro de San Pablo), además de extremadamente dañinos, a los que aquélla ha puesto a manejar el país. Y la pregunta que hoy se formula más habitualmente en la calle es: ¿se puede seguir así casi dos años más? Porque, convengamos, dejar a esta banda de delincuentes seguir obrando a su antojo durante ese lapso, significará más miseria, más hambre, más inflación y más destrucción y, al final, el país estará de rodillas para siempre.
El miércoles, la internación de su madre permitió que doña Cristina estuviera en el Sanatorio Otamendi durante más de nueve horas y la falta de información oficial disparó todas las versiones sobre el verdadero estado de salud de quien ocupa el sillón de Rivadavia. Fue curiosa la reunión que mantuvo con el Bambino Kiciloff el jueves, en el mismo lugar; sólo cabe suponer que el ámbito fue elegido para atender una eventual descompensación frente a las malas noticias que le llevaba el Ministro de Economía. Pero, para declarar su incapacidad para ejercer el poder y habilitar el mecanismo constitucional de reemplazo se requiere una ley, un objetivo de imposible concreción con esta composición del Congreso, aún cuando se estén violando hoy mismo los artículos 3 y 88, entre tantos otros, de la Constitución.
¿Los argentinos debemos, en nombre de esta institucionalidad “trucha”, aguardar los veintitrés meses que faltan para que venza el período presidencial y pagar el costo de una mayor profundización de la miseria del país y del deterioro de todas nuestras expectativas de futuro? ¿Debemos privilegiar, frente a un gobierno que ha violado tanto la Constitución, su permanencia a la existencia misma de la nación? Pretendo que funcionen los mecanismos legales y, de ningún modo, concordaría con un golpe de estado; sin embargo, creo que debemos volver a la democracia representativa y dejar de lado esta democracia “delegativa”, como definiera Guillermo O’Donnell.
Mañana, en Mar del Plata, el sindicalismo gritará su propio reclamo y, probablemente, la voz resulte unificada –parece que no asistirán De la Sota, Massa y Scioli- y acelerará el final anunciado; tal vez, sea mejor eso que el sepulcral silencio que rodeó al cónclave celebrado por casi todas las asociaciones gremiales empresarias (AEA, ACDE, ADEBA, ABA, Mesa de Enlace, cámaras binacionales de comercio, etc.) en La Rural días atrás.
Nuevos elementos que se han sumado al escenario político y económico permiten asegurar, sin temor a errar, que esta nueva crisis se producirá en un contexto significativamente peor que la del 2001. Veamos: la sociedad está partida en pedazos y violentamente enfrentada, y la utilización de la Gendarmería para contener el descontento policial ante las promesas salariales incumplidas auguran el enfrentamiento entre dos fuerzas que portan armas; la presumible intención de utilizar al Ejército –sino, ¿para qué se compran Hammer blindados?- para la seguridad interior chocará con la natural negativa de muchos oficiales a salir a la calle, aún con una normativa que lo convalide, ya que saben que serán juzgados después con la vara de esta falsa política de derechos humanos, que hoy mantiene en la cárcel a 1.600 de sus antecesores; y para colmo de males, carecemos de dirigentes capaces de montar el potro salvaje de esa monumental crisis que se avecina.
La inflación se está espiralizando –confirmando que superará el 40% este año- y los tres medios financieros más importantes del mundo, The Wall Street Journal, The Financial Times y The Economist, hicieron una trágica interpretación de la realidad argentina, adjudicando su total responsabilidad a los Kirchner, y uno de ellos avisoró la posibilidad de grandes conmociones sociales. La devaluación que el Gobierno está realizando superó, en quince días, las estimaciones del Presupuesto Nacional para todo el año, y el “blue” continúa su imparable carrera; el viernes cerró a $ 12 por unidad.
Si bien todavía nuestro nivel de reservas nominales supera el que se vio obligado a dejar De la Rúa, lo cierto es que ya no alcanzan más que para pagar cuatro meses de importaciones, cuando entonces podían afrontar un año entero; y, aún cuando los precios de nuestras materias primas aún superan en 300% a los que regían entonces, los beneficios de las cosechas sólo sirven hoy para importar los combustibles que, en aquel año, no faltaban; el gasto público se ha disparado hasta el infinito, y más de un millón de nuevos empleados públicos garantizan un frente de tormenta que tampoco en aquella época existía; y el aislamiento internacional, sobre todo respecto a los mercados de crédito, nos obliga, como quería Aldo Ferrer, a “vivir con lo nuestro” que, notoriamente, no alcanza.
El Gobierno sigue haciendo de las suyas, profundizando el modelo de saqueo y expoliación, y el déficit fiscal ya llega al 4,5% del PBI, por la caída de la recaudación de impuestos debida, a su vez, a la paralización de la actividad y la natural reducción del consumo. El desparpajo con que roba y dilapida el esfuerzo de los argentinos, que ya deben destinar más de la mitad de su tiempo laboral a pagar la enorme carga impositiva que los abruma, produce irritación e indignación; en especial porque, además de abonar a la AFIP y a sus homólogas provinciales y municipales por servicios dignos del África subsahariana, deben afrontar el costo de la seguridad privada, de la salud privada, de la educación privada y hasta de la justicia privada, como muestra la creciente recurrencia a los tribunales arbitrales.
Frente a un régimen que recaudó la friolera de US$ 900.000 millones, la población, que carece de los más básicos servicios que el Estado debe suministrar a cambio de los impuestos, se pregunta dónde está ese dinero. Viajamos como ganado y morimos, día tras día, en ferrocarriles y caminos inexistentes, perdimos el sistema de comunicaciones más moderno de su época, nuestros hospitales y escuelas se caen a pedazos y carecen de los más mínimos elementos, nuestros puertos son obsoletos, y nos hemos quedado sin reservas de energía, lo que nos impide tener luz y gas. ¿Cuánto, de esa sideral suma, fue a parar al bolsillo de los Kirchner y sus cómplices?
Entonces, con ánimo constitucionalmente destituyente –rol que asumo con responsabilidad- propongo entonces que ataquemos a este nefasto régimen en su frente más esencial, la recaudación fiscal. Si nos ponemos de acuerdo en dejar de pagar los impuestos, como hicieron los norteamericanos en Boston con el té, podremos obligar al Congreso a tratar la situación de acefalía en que el país se encuentra y, con ello, terminaremos con la familia imperial y con su banda de delincuentes, corruptos y genocidas. Si no lo hacemos, si continuamos desempeñando el papel de borregos dispuestos a trabajar como esclavos para que la Presidente y sus corifeos sigan llenando sus alforjas ahítas, que derrochan en casas, aviones, viajes, Fútbol para Todos, Aerolíneas Argentinas, etc., no tendremos destino como nación y la Argentina dejará de existir.
En cambio, si hacemos como Ghandi en la India, que pacíficamente logró desterrar al Imperio Británico y sus procónsules locales, si concretemos esa resistencia civil, el Gobierno, desfinanciado, se verá imposibilitado de seguir adelante con su irracional política de comprar voluntades y robar hasta las cañerías del edificio estatal y, cuando las consecuencias de nuestra común conducta produzca el derrumbe final de esta década siniestra, todos sus responsables, funcionarios o privados, terminarán por pagar la cuenta de la fiesta con su libertad y su fortuna mal habida; algo nos están diciendo, en este sentido, los permanentes “escraches” a que son sometidos cada vez que intentan asomar fuera de sus madrigueras, algo que no se produjo con los gobiernos anteriores.
Debo reconocer que peco de optimista porque, lamentablemente, no veo en los argentinos el coraje necesario y la vocación común de quienes hicieron la patria; en un país donde todos tienen la cola sucia, resulta difícil que se venza el miedo individual y egoísta, que se supere el “sálvese quien pueda”. Apelo, sin embargo y contra toda esperanza, a mis conciudadanos y, en especial, a los dirigentes, para que juntos nos pongamos el país al hombro y salgamos de este marasmo en el que estamos inmersos por decisión propia; para ello, me permito citar a Leopoldo Lugones: “… entre los afeminados ciudadanos de Ítaca no se encontró uno capaz de manejar el arco legendario del guerrero ausente”.
19 Ene 14

Enrique Guillermo Avogadro, Abogado

Nota complementaria: Absurdos Miedos

por el Dr. Enrique Guillermo Avogadro

“Si no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno”
Emiliano Zapata.

No voy a extenderme demasiado sobre las nuevas medidas que Coqui y Bambino anunciaron el viernes tan desprolijamente porque, como casi todos, ignoraré hasta mañana, lunes, qué significan. Sólo diré, al respecto, que mientras no exista confianza, ningún plan económico podrá tener éxito. Asistí, días atrás, a la proyección de “12 años de esclavitud”, una excelente película que competirá por los Oscar próximamente.
Al ver cómo trataba un plantador sureño a sus esclavos negros, matándolos, violándolas y lacerando sus espaldas a latigazos por cualquier motivo, me pregunté por qué éstos, que obviamente superaban al explotador en número y fuerza física, jamás se rebelaban y continuaban soportando la tortura para siempre. Muchos otros hechos históricos, desde esta perspectiva, son igualmente llamativos.
Mi nota de la pasada semana, en la que me declaré constitucionalmente destituyente y propuse una rebelión fiscal –siguiendo el consejo que se puede ver en http://www.youtube.com/watch?v=dHezFksIM68-, provocó tanto aplausos como críticas, éstas inclusive de muchos a los que considero afines en el pensamiento. Confieso que me provocó incredulidad, toda vez que es un tema que he conversado con muchos de ellos en el último tiempo. Llegué a la conclusión de que un absurdo miedo a esa palabra –“destituyente”- es lo que impregna su accionar diario, al igual que sucede con casi todos los dirigentes políticos, sindicales y empresariales; la mayor prueba de ello fue la ausencia de De la Sota, Scioli y Massa en la cumbre sindical de Mar del Plata.
Mi asunción de una posición tan riesgosa se funda en los daños que implicará, para la Argentina entera, que este nefasto régimen continúe destruyendo lo poco que queda de la institucionalidad y, de un modo no menor, la economía. ¿Qué pasará con el trigo, si doña Cristina sigue al mando dos años? ¿Y con la carne?
¿Tendremos que volver a comunicarnos por señales de humo porque los teléfonos dejarán, finalmente, de funcionar? Con una demanda creciente de energía y nulas inversiones en generación y distribución, ¿el único negocio exitoso será la fabricación de velas artesanales? En la medida en que la recaudación crece menos que la inflación, por lo cual el Estado verá aumentar su déficit, ¿a cuánto llegará la emisión de billetes? ¿Y si la desbocada “dispersión de precios” se transformara en hiperinflación? Con los innecesarios y absurdos pagos en efectivo de la deuda externa y con el misterioso levantamiento del cepo, ¿en cuánto quedarán las reservas del Banco Central? ¿Cuánto más robarán la Presidente, los funcionarios y sus cómplices? ¿Cuál será el nivel de incremento del narcotráfico, apañado desde los estamentos más altos del poder? Un gobierno desesperado por la proximidad de su explosivo final, con las inevitables consecuencias sobre la banda de delincuentes que lo integran, ¿trepidará ante la posibilidad de hacerse con los ahorros privados en moneda extranjera? ¿Qué pasará con los jueces y fiscales probos que quedan?
La Presidente y sus corifeos se han llenado la boca, durante años, con el desafío a sus críticos para que formaran un nuevo partido y ganaran elecciones; pues bien, ambas cosas ya han sucedido y, si bien es altamente deseable que todos respetemos los plazos constitucionales, debemos considerar que nos enfrentamos a un régimen que jamás lo ha hecho. Es absurdo subir al ring a boxear con las reglas del marqués de Queensberry, si enfrente tenemos a un luchador que está dispuesto a pegar patadas, morder, golpear en cualquier sitio y, sobre todo, que ha elegido al referí y a los periodistas deportivos.
Creo que sostener, a esta altura de los acontecimientos, la pretensión de que doña Cristina termine su mandato resulta absurda y, como digo, sumamente costosa. La Presidente continúa ausente, a pesar del ridículo acto del miércoles en Casa Rosada, y el viernes viajó a Cuba nadie sabe para qué y como si en la Argentina no pasara nada. Ya son vox populi todos los rumores que hablan del deterioro psíquico que padece, y sus últimas apariciones públicas tienden a confirmarlos. Tengo para mí que el otro miedo que embarga el ánimo de todos los que integran el plexo de pre-candidatos presidenciales es tener que enfrentar las desastrosas consecuencias que producirá el sinceramiento de la economía, algo que deberemos hacer –y pagar el costo- para salir de este buscado –y votado- pantano en que nos hemos puesto.
Reconozco que no es un tema menor, ya que el intencional deterioro de la educación hará que muchos, tal vez millones, de nuestros conciudadanos imputen la responsabilidad de esas consecuencias a quien ejerza la Presidencia en ese momento, olvidando quiénes fueron los verdaderos culpables de la situación; que eso pudiera hacer reverdecer la popularidad de la viuda de Kirchner, sin embargo, me parece altamente improbable porque vi qué pasó con la de Carlos Menem.
Un tema que ha sido poco considerado es la permanente queja que hacen los opositores respecto a la utilización del “relato” por el Gobierno. Esa posición resulta, al menos, curiosa porque ellos fueron los primeros en “comprarlo” en todo lo que tuvo que ver con la represión del terrorismo; me refiero, por ejemplo, a la instauración de la cifra de 30.000 desaparecidos como dogma, hoy negada hasta por los mismos guerrilleros, a la persecución sin tasa ni medida a los militares y a la celebrada conversión del tema en un enorme negocio. Los militares presos, invocando la nunca probada –en términos jurídicos- comisión de delitos de lesa humanidad, se les han negado todos los derechos humanos y constitucionales, incluidos los principios de inocencia y legalidad, de defensa y la prisión domiciliaria para los mayores de setenta años que no puedan poner en peligro las pruebas ni estén en capacidad de fugarse; para comprobarlo, basta con ver este video: http://tinyurl.com/ks37wrn.
El Frente para la Victoria (de otros) ha perdido la batalla que convirtió en la madre de ellas durante años: el grupo Clarín ha visto aprobado por el AFSCA su plan de reestructuración sin resignar nada de su poder de fuego. Si bien lo hizo para justificar una conducta similar respecto Cristobal Timba López, que adquirió los medios del grupo Hadad (Radio 10 y C5N, entre
otros) en violación flagrante a los dictados de la Ley de Medios Audiovisuales, y seguramente preparando alguna maniobra similar con Telefé, la realidad es que el Gobierno, que empeñó en esa lucha todos los medios posibles, no consiguió, siquiera, derrotar a Magnetto.
Para concluir, seré autorreferencial; dije, la semana pasada: “Resulta claro que todas las variables económicas se han salido de madre, por obra y gracia de una Presidente ausente y de un grupo de cretinos incapaces y groucho-marxistas (tan torpes que ni siquiera pudieron ejecutar las nefastas políticas del Foro de San Pablo), además de extremadamente dañinos, a los que aquélla ha puesto a manejar el país”. Lamento que esa afirmación se haya visto tan pronto confirmada.
26 Ene 13

Dr. Enrique Guillermo Avogadro

Publicado el 27 de enero, 2014 En la categoría Argentina

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