Deuda Externa

Manifiesto: el problema es la deuda

2/6/2014

Por Héctor GIULIANO (2.2.2014).

El presente trabajo busca sintetizar un encuadramiento conceptual y metodológico de la problemática de la deuda pública argentina aplicada a la nueva crisis de Deuda que vive nuestro país.

Es paradójico, por no decir sintomático, que todo el mundo (oficialismo, oposición, medios de comunicación, economistas, periodistas especializados, etc.) hablen de la crisis actual de la Argentina refiriéndose a los problemas de la inflación, del tipo de cambio, del déficit fiscal, de los subsidios, del desequilibrio de la balanza de pagos y otras cuestiones conexas – cualquiera sea su importancia intrínseca – pero no hagan mención alguna a la grave crisis de la  Deuda, que es la que hoy determina, directa e indirectamente, todos esos problemas.

Esta ignorancia cómplice constituye un paradigma de la ceguera – o la sumisión – de la clase dirigente argentina frente a los verdaderos problemas clave del país, siendo así que quien no identifica debidamente los problemas y su categoría relativa no puede luego elaborar diagnósticos y mucho menos alternativas de solución para tales problemas de fondo.

Soslayar la cuestión de la Deuda Pública es como tener metido un elefante dentro del living de la casa y negar su existencia. Peor aún, no un elefante – que es un animal pacífico – sino un monstruo del tamaño de un elefante y al que hay que “alimentar” continuamente, porque si no se pone “nervioso” y puede hacer un desastre.

IDENTIFICACIÓN DEL PROBLEMA: LA DEUDA.

La deuda pública es una de las tres fuentes de financiamiento clásicas del Estado, junto a la recaudación fiscal y la emisión de dinero.

Pero con una importante diferencia: que mientras las otras dos no tienen costo para el Fisco la deuda sí lo tiene porque hay que devolver el capital prestado y además pagar los intereses.

Por ende, se da el hecho que si la deuda crece en forma relevante y deviene prácticamente impagable – como en nuestro país y en la mayor parte del mundo – se produce la paradoja que hay que aumentar las otras dos fuentes de financiación (la presión tributaria y la emisión de moneda) para atender los costos de la fuente deuda.

Ello genera una profunda distorsión en la estructura de las finanzas públicas y  esto es justamente lo que está ocurriendo hoy en la Argentina.

Por lógica, la deuda – toda deuda – es o debiera ser un procedimiento excepcional en la vida de las personas, de las empresas y del Estado: no constituye una forma de financiamiento normal sino extra-ordinaria.

Cuando la deuda, en cambio, se utiliza como forma regular, continua o permanente por parte de los gobiernos, esa deuda va adquiriendo magnitud y toma incluso autonomía de los compromisos originales, vía novaciones y refinanciaciones varias, para pasar a tener una vida propia e independiente desconectada ya formalmente de las obligaciones que le dieron origen: un pasaje al anonimato de los primitivos acreedores y sus continuadores; un verdadero proceso de “lavado de deuda”.

El problema deviene entonces el de una refinanciación perpetua de las deudas de arrastre sin verdadera capacidad de repago y con incremento por nuevas deudas para cubrir el déficit fiscal que esa masa de endeudamiento provoca.

Usando una analogía biológica: la deuda se convierte entonces en una patología del financiamiento del Estado, una suerte de enfermedad cancerígena que se expande y contagia todo el metabolismo económico-financiero de la hacienda  pública y de la economía en general.

Esta característica en cuanto a su naturaleza va unida íntimamente a otra que es de enfoque, funcionamiento o finalidad.

La deuda no es un problema aislado, la deuda es un sistema y como tal se rige por una lógica. La lógica que rige el sistema de la deuda es la Usura, entendida no sólo como la posición abusiva del acreedor sobre el deudor sino como algo peor e irreversible: la condena de que el deudor nunca pueda dejar de ser deudor.

Esto consagra la trampa de la Deuda Perpetua: una deuda que no puede ser pagada y que, por ende, precisa continuamente la refinanciación sistemática y la toma de deuda nueva.

Para convalidar este sistema de la Deuda, el establishment financiero – con la complicidad de los gobiernos de turno y del funcionariado servil a sus intereses – consagra el absurdo discurso que dice que no hay problema en tomar deuda sin solvencia fiscal mientras haya fondos suficientes para pagar los intereses y refinanciar permanentemente el capital.

Se trata de la falacia central en el discurso del “partido de la Deuda” y es el nudo del argumento clásico de “honrar” las deudas que se asumieron a través de delitos contra los intereses del Estado.

DIAGNÓSTICO DEL PROBLEMA DE LA DEUDA.

La Argentina tiene una deuda pública impagable: los funcionarios superiores intervinientes firman obligaciones por reestructuraciones y nuevas deudas que no tienen capacidad demostrada de repago.

La realidad nos demuestra que la deuda del Estado constituye un conjunto de obligaciones de cumplimiento imposible y, como tales, destinadas a mantener un mecanismo indefinido de servidumbre financiera.

La deuda pública en cabeza del Estado Central – según datos oficiales al 30.6.2013 – es de unos 208.000 Millones de Dólares (MD), pero esta cifra omite una masa de deuda no registrada por casi 100.000 MD más: 72.000 MD de intereses a pagar, 2.000 MD por capitalización de intereses, una suma imprecisa y variable por indexaciones de la deuda en pesos ajustada por CER y el abono de cupones PBI (que se estiman en unos 15.000 MD todavía faltantes de pago).

Ello significa que la Deuda Pública real estaría actualmente en el orden de los 300.000 MD y no los 196.000 MD que presenta engañosamente el gobierno.

Esta deuda, empero, no incluye la deuda de Provincias (unos 30.000 MD) y Municipios (sin datos), la deuda de Empresas del Estado (con YPF a la cabeza), Organismos Nacionales y Fondos Fiduciarios (también sin datos), la deuda cuasi-fiscal del Banco Central (BCRA, por unos 20.000 MD), las deudas del Banco Nación y otros bancos oficiales (sin datos actualizados ni consolidados) y las deudas del Tesoro por juicios contra el Estado con sentencia en firme (igualmente sin datos siquiera aproximados). 

Debido a la falta de informaciones oficiales no es posible cuantificar entonces la Deuda Pública Nacional de la Argentina pero es posible que la misma tenga hoy un piso del orden de los 400.000 MD.

Esta enorme masa de endeudamiento no puede ser pagada y es la causa principal de la pérdida de los superávits gemelos del gobierno Kirchner: fiscal y externo o de balanza de pagos.

La deuda institucionaliza así un problema de desfinanciamiento estructural del Estado, cuyo análisis ya ha sido pormenorizadamente desarrollado en toda una serie de trabajos y libros por el autor de esta nota.

La crisis de Deuda por incapacidad de repago frente al perfil de vencimientos del 2014 (más de 44.000 MD) y las duras negociaciones en curso para poder reestructurar las deudas con holdouts en los tribunales de Nueva York, las de empresas transnacionales ante el CIADI y la deuda con los países del Club de París, así como las exigencias para la continuidad de los programas de financiamiento de los organismos financieros internacionales (Banco Mundial, BID y CAF), han llevado hoy a una nueva crisis financiera del Estado Argentino.

El gobierno Kirchner carece de recursos propios en el Tesoro y de reservas netas en el BCRA para poder afrontar los vencimientos públicos y privados de la deuda: el país se encuentra así, otra vez, en situación de virtual default.

¿Cuál es el costo del ocultamiento de esta situación? ¿Cuál es el costo de negar la existencia del “elefante invisible”? ¿Cuál es el costo de esta ficción?   

El problema es que los gobiernos de turno – y el de Kirchner es uno de ellos – son cómplices de los acreedores de la Deuda en este ocultamiento; y que lo hacen a favor de los mismos y en contra de los intereses del Estado.

Por eso ocultan esta situación de default: porque los acreedores del “club de la Deuda” no se beneficiarían con el blanqueo de tal default ya que no tendrían interés en matar un país tipo “gallina de los huevos de oro”, que les está batiendo récords de pagos de deuda externa, que se jacta de hacerlo (los 174.000 MD de una presidenta que se dice “pagadora serial”) y que les viene reiterando su “vocación pagadora” a costa de vaciar las reservas del BCRA y de empapelar al propio sector público traspasándole deuda con terceros que ahora deviene impagable en manos del Estado.

Son acreedores que se supone no tendrían interés en voltear al gobierno o, mejor dicho, que no tendrían interés en liquidarlo por ahora, hasta tanto no hayan extraído del gobierno las suficientes concesiones de su administración debilitada, con la descarga previa de diversos trabajos “sucios” o conflictivos dificultosos para toda administración gubernamental (como la devaluación, la corrección temporaria del desajuste de precios y salarios, la firma de convenios con empresas extranjeras como Chevron y Repsol, etc.).

Y esto es también una regla: tradicionalmente los gobiernos bajo crisis financiera y política son usados para  lograr este tipo de ventajas y, a la vez, para aprovechar las condiciones de inestabilidad, descontrol e incertidumbre así generadas para cerrar operaciones y negociados de todo  tipo antes de proceder a su eventual descarte (caso gobierno del Proceso 1982-1983, Alfonsín 1985-1987 y luego 1989, Menem 1990 y 1995, De la Rúa 2001, Kirchner 2005 y CFK 2011-2014). 

Es necesario entender cómo opera el Sistema y cómo funcionan estos Ciclos de Deuda para comprender lo que está pasando hoy con la crisis del Verano 2014, donde el gobierno Kirchner está forzado a definir una tablita cambiaria peso-dólar que le permita negociar cualquier acuerdo de pago con los acreedores, está llevando a cabo una fuerte devaluación que le serviría para licuar parte de la deuda pública interna y para tratar de bajar el costo de los salarios reales del Estado, está aumentando las tasas de interés garantizando así mayores rentabilidades por negocios bancarios y mejores condiciones de arbitraje entre tipos de cambio y tasas de interés locales para los capitales financieros internacionales. Y todo ello, como requisito para retornar al mercado internacional de capitales … para volver a endeudarse. 

ALTERNATIVAS FRENTE A LA CRISIS DE DEUDA.

No hay alternativas de solución o replanteo de ningún problema sin diagnóstico; y no hay diagnóstico sin identificación del problema.

Esta tercera parte – después de cubrir las dos anteriores – no pretende abarcar en forma desagregada una ponencia del autor en esta materia (cosa que excede  las posibilidades personales) pero sí exponer lo que se considera debieran ser los lineamientos básicos de una respuesta rápida y de fondo frente a la crisis de Deuda.

Es algo así como la respuesta obligada a la pregunta de qué se propone concretamente frente al cuadro de situación trazado del problema de la Deuda.

Casi todos los grandes problemas existenciales y en cualquiera de sus niveles de decisión – personal, empresarial, estatal – presentan el dilema de base de convivir o confrontar.

Si hubiere una administración de gobierno en la Argentina que realmente quisiera confrontar y no convivir con el sistema de la deuda perpetua y sus crisis periódicas, hoy pudiera encarar las siguientes decisiones básicas e inmediatas:

a)  Constituir una comisión investigadora especial e interdisciplinaria de la Deuda Pública Argentina, con suspensión de todos los pagos de servicios hasta tanto dicha comisión se expida. Esto implica un default técnico y una moratoria unilateral.

b)  Aclarar que la Comisión tendrá plazo de un año para expedirse y, paralelamente, un grupo especializado dentro de la misma procederá a fijar la metodología para determinar la capacidad de pago del país sobre la deuda que – como producto de las investigaciones – se declare legítima.

c)  Aclarar también que el alcance de la investigación comprenderá toda la Deuda Pública Nacional (Nación, Provincias y Municipios), la Deuda Pública Indirecta (Empresas del Estado, Organismos Nacionales y Fondos Fiduciarios), las deudas del BCRA y los bancos oficiales, la deuda contingente por avales/garantías y la deuda por juicios contra el Estado con sentencia en firme (así como un relevamiento completo de todas las demandas, internas y externas, contra el Estado).

d)  Elaborar un censo e historial completo de la Deuda Pública Nacional. Esto comprenderá un relevamiento total de los acreedores del Estado – presentes y pasados – que explique la evolución de todos y cada uno de los títulos de deuda que comprometan al Fisco.    

e)  Suspender las negociaciones secretas en curso vinculadas a las reestructuraciones de deuda con holdouts, reclamos ante el CIADI y deudas con el Club de París.

f)  Activar las causas escandalosamente demoradas por la Justicia sobre investigación de las irregularidades de la deuda – Olmos II, Megacanje 2001 y denuncia Olmos Gaona-Marcos – incluyendo la cuestión de las nulidades emergentes del fallo Ballestero sobre la Olmos I.

g)  Someter a investigación a todos y cada uno de los funcionarios superiores responsables – pasados y presentes – intervinientes en las actuaciones de endeudamiento de la Argentina para determinar específicamente su cumplimiento o no de los deberes/obligaciones como funcionarios públicos, abarcando los tres poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

h)  Investigar el rol y las actuaciones de todos y cada uno de los estudios, consultoras y/o asesorías que hayan participado en las operaciones de deuda pública, empezando por el estudio Cleary, Gottlieb, Steen & Hamilton, de Nueva York.

i)  Abrir una investigación específica sobre la deuda externa con los países del Club de París.

j)  Suspender la ejecución de todos los préstamos en curso de organismos financieros internacionales – Banco Mundial, BID y CAF – y someterlos a revisión.

k)  Abrir una investigación específica sobre el rol del FMI en el endeudamiento público argentino y revisar la afiliación argentina a dicho organismo.

l)  Proponer la constitución de un comité conjunto con el gobierno ecuatoriano para colaborar con la comisión investigadora especial de la Argentina a los fines de acceder a las investigaciones ya realizadas allí sobre la ilegitimidad de la deuda pública en ese país.

m)  Solicitar reuniones urgentes de los organismos internacionales regionales de Ibero-América (CELAC, UNASUR, MERCOSUR) a los fines de informar las decisiones tomadas por la Argentina y pedir eventualmente la colaboración, adhesión y/o respaldo de otros países a las medidas adoptadas.

Todos estos puntos tienen, sin embargo, el denominador común o requisito de base planteado al inicio: la voluntad política de confrontar y no seguir conviviendo con un sistema de deuda perpetua.

Es el pre-requisito, hoy utópico, de que tome cartas en el asunto una nueva clase dirigente dotada de tres elementos que nunca existen combinados en la Argentina: capacidad, honestidad y coraje.

EN CONCLUSIÓN:

Los momentos de Crisis de Deuda, como el que estamos viviendo, no son puntos de ruptura sino de inflexión dentro de los Ciclos de Endeudamiento.

No son instancias de quiebre o final sino de cambio de etapas, porque las Crisis periódicas son parte del Ciclo.

Pero son también momentos de oportunidad y desafío contra el sistema de la Deuda.

Todo el esfuerzo conjunto de las tres patas de formación de la opinión pública –  oficialismo, oposición y prensa – está puesto hoy precisamente en sentido contrario, como siempre:  en el distractivo del problema central de la crisis, que es la Deuda.

Por eso se cargan las tintas sobre los efectos – la inflación, el dólar, el déficit fiscal, los subsidios – pero se oculta la causa, que es la Deuda.

La cobardía y la inoperancia de la clase política al soslayar el problema de la Deuda en estos momentos en que la sociedad argentina está sufriendo nuevamente sus graves efectos es uno de los ejemplos más claros de su complicidad, de su corrupción y de su traición a los intereses de la Patria.    

 

Lic. Héctor L. GIULIANO

Buenos Aires, 2.2.2014.

Publicado el 2 de junio, 2014 En la categoría Deuda Externa

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